Novak Djokovic, no es un héroe de las libertades

La pandemia del Covid, nos ha mostrado la gran cantidad de locuras colectivistas de parte de los Estados, especialmente dirigidas hacia y contra las libertades de sus conciudadanos. Italia obligará a los mayores de 50 años a vacunarse obligatoriamente. El Presidente francés Emmanuel Macron, expresó su idea de joder la vida a los no vacunados. Nueva Zelanda está cerrada a cal y canto. Mientras Australia, se ha acercado en demasía al reich alemán con sus centros voluntarios de internamiento. 

A raíz del caso de Novak Djokovic en el Open de Australia de tenis, todo el mundo ve a este personaje como el último héroe de las libertades. Cada país actúa de distinta forma frente a las aplicaciones de las restricciones, pasaportes, vacunaciones o en cualquier otro ámbito. Si partimos de la creencia falaz de la autoría de la democracia por parte del Estado, podemos criticar las medidas o decisiones aplicadas en nuestro terruño particular y enmudecer a su vez, por las aplicadas en otros países. ¿Es correcto por parte de un Estado prohibir la entrada frente la decisión individual? La respuesta es si, debido a que si no eres ciudadano de ese país, deberías acatar sus normas. Sencillo.

Si vas de viaje a África, deberás vacunarse de mil enfermedades. Si vas a un país árabe, deberás obedecer sus normas, si no quieres acabar en prisión. En Australia, es exactamente igual. 

Muchos se llenan la boca a la hora de hablar de las soberanías nacionales, aunque cuando estas lo aplican, les produce una tremenda reacción urticaria, mientras en España critican a los inmigrantes que vienen en pateras. La doble moral o rasero, según se mire. 

La libertad individual frente a los poderes facticos de los monopolios de los Estados, es un oxímoron. Por tanto, en vez de defender a un payaso, lo que en realidad deberías realizar, es ver el vil poder de los Estados e ir contra él. Novak Djokovic habrá actuado correctamente, más tras dar negativo en una prueba -ineficaz- de PCR, a pesar de que dicho resultado, no quita la potestad al Estado Australiano de actuar como tal, y ejercer todo su poder democrático y soberano.

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