Necesitamos defensores de las libertades individuales y no negacionistas recalcitrantes

En la localidad donde resido, Mataró, que es la capital de la comarca del Maresme, tan en boga en estos últimos días, por lo acaecido en Canet de Mar; un grupo de ocho personas; formado por cuatro adultos y cuatro menores, provocó un incidente en un conocido establecimiento, tras negarse a mostrar el pasaporte Covid, para entrar al interior del restaurante Granja Caralt, situado en pleno centro de la ciudad. Además, tampoco quisieron ponerse las respectivas mascarillas, debido a que estaban; como no, en contra de las actuales restricciones por la pandemia del Covid. 

A raíz de esta situación, seis agentes de la Policía Local, tuvieron que desplazarse hasta el lugar para intentar que abandonaran el establecimiento, tras el transcurso de una hora llena de eternas y estúpidas disputas con los implicados. 

El grupo finalmente se marchó del lugar, tras cumplimentar varias hojas de reclamaciones que pidieron a los dueños del establecimiento en cuestión, bajo el criterio y de las recomendaciones de sus abogados, según los cuales, pedir el certificado Covid no es legal en cualquier circunstancia.

Desde aquí, jamás he defendido la implantación del pasaporte Covid o de las identificaciones con DNI, eso no hace falta volver a aclararlo, aunque estas anécdotas, lamentablemente, siempre las ejecutan individuos negacionistas, y no defensores auténticos de las libertades individuales. Estos sujetos hacen más mal que bien, al movimiento de defensa de las libertades. 

Siempre he comentado en mis columnas, que debería prevalecer únicamente el derecho a vacunarse o a no vacunarse; además que el pasaporte Covid, genera ciudadanos de primera y de segunda categoría, y que exigir vía DNI, tu identidad, vulnera de facto el estado de derecho. 

Estos sujetos ya son sumamente conocidos en Mataró, debido a que no es el primer establecimiento en el cuál organizan un espectáculo circense como este. 

El problema es incluso mayor, ya que utilizan a sus propios hijos en sus viajes alucinógenos. Por tanto, no debemos obviar que existen este tipo de individuos entre nosotros. Unos individuos más peligrosos que el propio Covid. 

Si de verdad, queremos que se eliminen estas restricciones, primero deberíamos enseñar a unos cuantos, que si siguen con estas actitudes, le estarán dando más poder y convicción al estado opresor, para mantener in eternum estas políticas liberticidas contra todos nosotros; sino, jamás saldremos de esta enfermiza distopía.

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