Mascarillas en posición
Ayer por la tarde, tras la Conferencia de Presidentes Autonómicos, nuestro dictador favorito, Pedro Sánchez, realizando sus funciones de Presidente del Gobierno, nos comunicó el nuevo decreto ley para frenar el avance de la variante Omicron. El nuevo decreto establecerá el uso normativo de la mascarilla, aquella que en muy pocos días después de las campanadas de Fin de Año, subirá su IVA al 21%, para usarse en exteriores; aunque con estas limitaciones: "Cuando uno esté en el campo, esté paseando solo, con un familiar, o con un amigo, pero manteniendo una distancia prudencial de 1,5 metros, en otros casos, pues evidentemente, no es necesario que lleve la mascarilla"; así a grandes rasgos.
Ayer toda la caverna vacunada, no vacunada y negacionista recalcitrante, saltó como hienas hambrientas en todas las redes sociales. Durante una hora y media aproximadamente, se descubrieron nuevos y fuertes aguerridos adalides de las libertades individuales en España.
Evidentemente, me lo pasé genial leyendo sus comentarios. Pedían salir a la calle y manifestarse al respecto, mientras que por vacunarse y recibir tu pasaporte covid, no. Por las restricciones, tampoco. Pero por una simple mascarilla, es el fin del mundo occidental, mientras cualquier australiano, neozelandés, italiano, alemán o neerlandés, desearía poder ser español.
Los bebelejías, esos que hacía referencia Almudena Negro del PP, fueron inicialmente los que se desinfectaban la ropa y zapatos al volver a casa, lavaban las frutas con lejía y desinfectaban con spray de gel los envases de comida.
Si estás a favor de las vacunas, restricciones y pasaporte covid, y has sido obediente, debes aceptar la mascarilla. Para lo engañados que estáis, ya no viene de una más. Os habéis tragado la teoría de las mascarillas en interiores y no aceptáis las teorías de usarlas en el exterior; ¿es así?
Como he escrito anteriormente, los que ahora claman al cielo por la mascarilla, son los mismos vacunados liberales del bien común, que salían con guantes y lavaban con lejía las frutas. No me hagáis reír, por favor.
Con la mascarilla, puedes pasarte la lengua por los dientes, sin problemas. Bostezar como un loco poseso. Sacarle la lengua a alguien o esbozar sonrisas hijoputeras. Es un beneficio. Coloquen sus mascarillas en posición, es una orden. En definitiva, que si vacuna, que si pasaporte, que si mascarilla, que si desobediencia civil. Pero de librarnos de los impuestos y del Estado, lo dejamos para otra ocasión. En el fondo, sois cómplices partícipes de todos estos tinglados.