La Europa de las emisiones y los mandatos supremos

El megaestado europeo, se ha sacado de la manga, otra de sus locuras del soñado paraíso woke socialista. Ursula von der Leyen, ha presentado un paquete de medidas,  que ha sido denominado; Fit for 55, como si fuese un anuncio de un gimnasio. La idea de esta locura ecologista, consiste en incorporar al transporte por carreteras y al de la calefacción, dentro del mercado de emisiones a partir del próximo año 2026. Es decir, que el transporte de vehículos privados, ya sean gasolina o diésel, el consumo de gas natural en viviendas y sus aparatos de aire acondicionado, dependerá de la compra de derechos del CO₂. 

Estos derechos de emisión no los pagaría directamente el consumidor, ya que sería la comercializadora de carburantes o la del gas, quien debería hacer frente a tal coste, trasladándolo posteriormente al precio final y encareciendo sus productos al cliente final; como siempre ocurre y ha ocurrido con anterioridad. 

Todo esto ocurrirá, nos guste o no nos guste, para poder lograr alcanzar los objetivos de neutralidad climática en el próximo año 2050, sumándole la propuesta de reducción de las emisiones de CO₂ en un 55% para el próximo año 2030. 

En el caso de los vehículos gasolina y diésel, la prohibición de su comercialización en el cercano año 2035, para así implementar como único vehículo privado, el que disponga de tecnología eléctrica, obligará a los ciudadanos a elegir estas motorizaciones, si no quiere pagar otro impuesto más, si dentro de la fecha límite, se decidiese por optar por un vehículo privado de combustibles fósiles.

Europa se ha convertido en una cangrena llena de pústulas, y hace falta extirparla por completo y con extrema urgencia. Un libertario debería de ser; el antieuropeísta por excelencia, debido a que representa al amo y señor de todos los Estados, anteriormente conocidos como soberanos. 

Las soberanías nacionales son un oxímoron. Con todas estas medidas y todas las otras obligaciones, a cuenta de recibir los fondos de rescate europeos; entre otros, los países miembros se arrodillan frente al ojo que todo lo ve. Ser demócrata y defender esta ignominia estatal, es una infamia y de una total e inmoral vergüenza. 

Votar cada cuatro años y poner un títere al mando, es como colocar teleñecos, que son movidos y manejados por titiriteros profesionales y más experimentados. La bazofia de la democracia de las mayorías, denota el menosprecio del megaestado europeo a sus países miembros.

Europa no mirará jamás por las libertades de los individuos. Para todos los estados y más para esta Europa carroñera, todos nosotros somos cachos de carne y su intención, es dejarnos sin ninguna gota de sangre dentro de nuestros cuerpos. Europa es una capa deforme de vulgaridades y estupideces woke socialistas, a modo de mandatos supremos de obligada obediencia y cumplimiento; ya seas títere o titiritero.


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