El Tió de la generación woke catalana
Hoy ha amanecido en Catalunya con otra noticia, una de esas cosas, que ya son de la más completa vergüenza ajena, llegando a alcanzar niveles suprahumanos de tremenda estupidez. Durante las fiestas navideñas, es tradición cuidar de un tronco o soca, que denominamos aquí generalmente como Tió, que se alimenta cada día con sobras, y que durante la noche de Navidad, los más pequeños de la casa golpean con un palo o bastón, mientras cantan la canción pertinente, para que el Tió, les de los regalos. Después, se procede a arrojarlo a la llar de foc y de sus cenizas, se cree que protegerá tu casa, alejando los malos espíritus durante un año, si colocas una parte de ellas o pedazos carbonizados de él, debajo de tu cama o en el tejado de tu casa.
Al principio de los tiempos, era únicamente un tronco, pero a lo largo de los años, el catalán, Ferran Margarit, en 1975 en la Fira de Santa Llúcia de Barcelona, los humanizó dibujándolos con caras simpáticas y colocándoles barretinas encima de ellos.
La antigua Banca Catalana, en manos de Jordi Pujol, vio el filón y promocionó aucas temáticas con este personaje. Esto ocurría a mediados de los años setenta. Jordi Pujol, aprovechó para hacer de este personaje humanizado, una seña identitaria de la tradición navideña catalana; que antes de forma generalizada, se limitaba a los lugares más agrícolas y rurales dentro del mapa catalán.
La noticia en cuestión, es que diversas escuelas y jardines de infancia, este año no golpearán al Tió. Es decir, según el moralismo woke imperante, es completamente inmoral y poco ético, estar cuidando y alimentando un ser inanimado, para después y mediante el uso de la violencia, obtener beneficios realizando ese acto, en la búsqueda en forma de regalos.
Sinceramente, todo esto es completamente esperpéntico. Además, siguiendo las nuevas reglas normativas, desde hace varios años, existe la versión femenina del Tió; la Tiona. Es inevitable crear paralelismos entre la creación de la Tiona y la decisión de no golpear al Tió.
Esta sociedad completamente putrefacta, ha llegado hasta estos absurdos. Las tradiciones son tradiciones; nada más que eso. Aunque no es una tradición completamente católica y de pocas raíces cristianas, no deja de ser una tradición milenaria, a pesar de que el separatismo embrional del 1975, vestido de catalanismo moderado, se apoderara completamente de él, como todo aquello que toca; como cáncer putrefacto que es.