El aborto o la vida

La señorita y presidenta de la comunidad autónoma de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, dio un discurso en el entorno del evento, NAVIDAD EN SOL, en el que resaltó la importancia del belén, el nacimiento del mesías y de los valores transmitidos por la religión cristiana. Como no puede ser de alguna otra manera, los palmeros de cristo han aplaudido dicho discurso, aunque han reconocido que no se puede ser pro-aborto o disponer de un novio divorciado y con hijos. 

Siempre he recalcado cuando he tenido la oportunidad -en el tema del aborto- con diversas conversaciones, que he mantenido con devotos liberal conservadores cristianos, que su oposición al aborto, proviene de sus creencias religiosas. Lo niegan a cada ocasión que pueden. Siguen a rajatabla; puertas adentro, los 7 pecados capitales y los 10 escritos de las tablas que bajó Moisés del monte Sinaí. No hay ningún otro motivo razonable.

Esgrimen que desde la concepción, ya existe la vida. Cierto, hay vida, pero no un ser humano. Únicamente hay un proceso que culminará en 9 meses, que se convertirá en un ser consciente de vida, no obstante, sin consciencia, mientras está dentro del cuerpo de su madre gestante.

Argumentan que dicho ser, ya percibe el dolor y como su corazón late, y el alma ya ha entrado en el cuerpo, es un ser sentiente. Evidentemente, siente, pero son los impulsos cerebrales los que actúan, de igual manera cuando te pellizcan, te pillas los dedos con el canto de una puerta o te acercas al fuego. Es un mero impulso cerebral. Tras nacer, empezamos a conocer lo que es el hambre, la alegría o el dolor. Antes únicamente es el cerebro quien actúa ante la ausencia de consciencia, que he comentado. Por tanto, repito, si hay vida, sin embargo, no hay humanidad, que es lo que nos diferencia de los animales.

No entraré a valorar si el aborto se practica por absorción, teniendo a día de hoy, un máximo legal de 12 semanas de gestación para poder practicarlo, justamente cuando el embrión mide entre 5 o 6 centímetros y su peso alcanza los 23 gramos de peso, el aborto químico o el aborto, que dichos moralistas, nos quieren vender a diario; es decir, un bebé formado de 8 meses o a escasos días de alumbrar del vientre de su madre. 

Lamentablemente, las leyes actuales dictaminan, cuando, como y dónde, se pueden practicar las diferentes técnicas abortivas.

Tampoco entraré a valorar, si es la madre quien tiene la potestad de poder acabar con el gestante o debe prevalecer la supervivencia del feto; no es mi misión aquí. Eso si, ¿quién quiere decidir por ella? 

Son estos mismos moralistas cristianos conservadores, quienes quieren que sus fábulas fantásticas gobiernen el mundo; esos mismos que creen qué una paloma -en cuerpo de espíritu santo-, fecundó a María, mientras esta, le ponía los cuernos a su marido José.

Las raíces cristianas de Europa, no las negaré, como expliqué en otra columna, pero debemos olvidar estas fantasías animadas -de ayer y de hoy-, si de verdad queremos evolucionar y no involucionar como especie con consciencia. 

Desde nuestro mismo nacimiento, a través, principalmente, de las enseñanzas que nos son transmitidas por nuestros padres y a lo que aprendemos a largo de nuestra vida adulta, descubrimos que los Reyes Magos de Oriente, son en realidad nuestros mismos padres y que todo es una gran mentira. 

Si aún ahí, en esos instantes sigues creyendo, no por tradición, sino por pura convicción religiosa en esta gran farsa, evidentemente, seguirás siendo igual que aquel embrión sentiente, que quieres proteger; eso si, sin disponer como él de plena consciencia. No serías nada más que un simple cuerpo humano, con el tamaño de cerebro, proporcionalmente exacto a un proyecto de -futura- humanidad. 

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