La Idioticracia más Constitucionalista

Si ya no teníamos suficiente con el separatismo a diario y a todas horas, desde hace unos 5 años aproximadamente, ha crecido el uso de la palabra constitucionalista, que tanto la usa el Partido Popular, VOX hasta los liberales de Ciudadanos por parte de los partidos políticos de España.

Todos ellos son y serán nada más que otro rebaño colectivista de Derechos Eclesiásticos en forma de dogma escrito por Dios y sus apóstoles; por allá un lejano 1978. 

Este tipo de rebaño es muy dañino, quizás hasta el más peligroso; y casi diría hasta cancerígeno, ya que anteponen unos papeles redactados por políticos del más bajo populacho de la época, por encima de la única supremacía fundamental de las libertades que es la personificación única del individuo. 

Son gentuza. No existe ninguna otra definición mejor que los pueda definir; esa es la realidad. 

El colectivismo, esa creencia infantil dogmática y endémica de la igualdad, es la misma que promueve la socialdemocracia inculta imperante en las mentes de nuestra sociedad y dentro del imperium europeo.

El Constitucionalismo es el rebaño colectivista mayoritario en el estatismo español, que es otro de los cánceres de este mundo. Esos pimpinelas que son incapaces de vivir a expensas de la suprema protección del Papá Estado. 

Si sumamos al estatismo; el constitucionalismo, el hijo bastardo del leviatán que se genera; es una representación teatral gótica de una visión personalizada en la efigie de Cthulhu completamente deformada, horrenda y malherida. 

Los separatistas catalanes serán lo que son en su inmensa mayoría; totalitarios, hegemónicos, xenófobos, dictatoriales o partidarios de las más claras lecciones de Goebbels o Mengele.

Por contra los constitucionalistas, son lo más parecido a los Testigos de Jehová que llaman a tu puerta para contarte no sé que tipo de aventuras mágicas y fantasiosas. No son tan malvados en apariencia y te engañan o te pretenden manipular con sus buenas formas y gran elocuencia; pero que en realidad son auténticos demonios del averno vestidos de lobo de Prada. 

A mí no me gustan, ni los demonios ni los vestidos o trajes de Prada; porque los pobres lobos no tienen la culpa que quieran utilizar su suave pelaje.

La idioticracia constitucional ha venido para quedarse y tendremos que convivir con ello; santa paciencia.


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